De “Leyé” a Don Miguel: las raíces históricas de la violencia en Puerto Rico
- Eloy A. Ruiz-Rivera

- 8 jul 2025
- 5 Min. de lectura
Publicado en la edición digital de El Nuevo Día, martes, 8 de julio de 2025.
Pocas veces un “criminal” levanta tantas pasiones a favor como símbolo de justicia. Don Miguel Ángel González Varela no es considerado como tal ante la opinión pública, conmocionada en su defensa, desde las redes sociales hasta los $70,000 recolectados en pocas horas para cubrir su gastos legales. Enterado de que su hija fue objeto de una tremenda golpiza en Arecibo, se montó en su carro y fue a buscar al imputado de agredir a la mujer.[1] Se trató de Whisler Jared Rancel Galarza. Se dice que, sin encomendarse a nadie, González Varela le disparó. El joven murió poco después.


Esta historia trágica, llena de pasiones humanas, merece una reflexión a la luz de la historia visual y de las emociones, donde examinemos a fondo la relación entre Estado, violencia y solidaridad.[2] Es la historia de un padre que tomó la justicia en sus manos por desconfianza o por un sentimiento. Pero fue la fotografía de la mujer la que encendió todo tipo de emociones, catapultando la opinión pública en su total a su favor.[3] Al punto que, en un programa de televisión, casi se clama a la Secretaria de Justicia que se le rebajara la fianza y se buscaran atenuantes para la pena, además de declararlo inocente.

En estas interesantes discusiones he echado de menos a los y las historiadoras, quienes podemos aportar otros puntos de vista para arrojar pistas y esclarecer el contexto histórico en que surge este debate. La “percepción” de que la justicia no funciona y de que no el gobierno no gobierna no es algo nuevo, sino que tiene una larga raigambre.[4] Como planteaba Fernando Picó en “Raíces históricas de la violencia en Puerto Rico”, la ausencia del Estado ha sido un elemento común en la sociedad puertorriqueña desde hace cinco siglos, donde el “campo resolvía las cosas a su manera. El estado intervenía cuando el disimulo era insostenible”.[5] Ha sido la solidaridad nuestro pegamento social.
Sería interesante examinar a fondo si las solidaridades ante las ausencias del Estado, un afán que guió la historiografía de Picó y que propongo como agenda inexplorada, se simboliza en la empatía con don Miguel Ángel, en un contexto actual de feminicidios constantes, de años de reclamos de organizaciones sociales por la declaración de un “Estado de Emergencia” y de un alto deterioro de la salud emocional personal y colectiva.[6]

Los feminicidios no son nuevos. Tampoco los de padres, que cometen actos como el atribuido a don Miguel, en su decir, por defender a sus hijas. Ocurrió, por ejemplo, en el barrio Quebrada Grande, en Trujillo Alto, en 1945, cuando Aurelio “Leyé” Betancourt le metió un trancazo a Esteban González, ocasionándole la muerte. Miguel, su hija, Whisler y ambas familias forman parte de una historia de pasiones humanas que nos interesa estudiar para comprender mejor nuestro presente. También para que sean historias que no se repitan. La historia no se repite, se repiten las actitudes, mentalidades e imaginarios. Comprenderlas es la mejor forma de arrancarlas de la cultura.



[1] El residencial Manuel Zeno Gandía se conoce popularmente como ‘El Coto’, nombre del sector en que encuentra junto a los residenciales Trina Padilla de Sanz, Bella Vista, Ramón Marín Solá y Manuel Zeno Gandía, que conforman el complejo de viviendas públicas. En este residencial vivió mi abuelo materno con su esposa donde se criaron sus hijos, medios hermanos de madre. Allí se realizó el velorio de mi abuelastra, Dora, en 1996.
[2] Véanse los trabajos de Gil Bartoleyens sobre historia de la cultura visual y de Piroska Nagy sobre historia de las emociones en Mark Tamm y Peter Burke, editores, New Approaches to History (London: Bloomsbury, 2019).
[3] La fotografía aquí utilizada como evidencia y como instrumento de conmoción, más que documento histórico y memoria, que no deja de serlo. Pero si un poder tiene la fotografía, que no lo tiene, pero nos arrolla, es su capacidad para conmovernos. De ahí su vinculación con los afectos. Véase de Irene Depetris Chauvin y Natalia Tacetta, compiladoras, Afectos, historia y cultura visual (Buenos Aires: Prometeo Libros, 2019).
[4] La discusión sobre si percepción -los sentidos- constituye fuente de conocimiento y justificación es extensa e interesante. Este es el primer problema epistemológico en el campo de las humanidades que discuto en mi curso Fundamentos Epistemológicos de las Humanidades I, que dicto en la Facultad de Estudios Generales, Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico.
[5] Fernando Picó, Raíces históricas de la violencia en Puerto Rico, conferencia magistral dictada como Humanista del Año 2004, Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, 13. En su edición original en forma impresa.
[6] Tomo este planteamiento de mi presentación, “El afán de Fernando Picó por las solidaridades ante las ausencias del estado: una agenda de trabajo inexplorada”, en el conversatorio estudiantil “The Absent State and Five Books on Puerto Rican History”. Sala Jorge Enjuto, Facultad de Humanidades, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, 16 de octubre de 2018. Puede leerse en https://www.academia.edu/37597064/El_afán_de_Fernando_Picó_por_las_solidaridades_ante_las_ausencias_del_Estado_una_agenda_de_trabajo_inexplorada




Comentarios